domingo, 1 de agosto de 2010

El placer de las más bonita.

Veo la sombra, una sombra que me hace feliz. Grito como una loca, bajando la Gran Vía de Madrid. Siento que me observan... Constantemente. Desde coches, viandantes, ciclomotores. Paro no hacerlo. Voy montada en una KMZ rusa de los años 20, para resumirlo en cinco sílabas: IM-PRE-SIO-NAN-TE es de ensueño. Siento el viento azotándome en los brazos y en las piernas, acomodo los pies como puedo en los bordes. Las pestañas me duelen, pero no sufro, disfruto, también los coletazos de aire las afectan. Pero no, no me quiero poner el protector del casco. Quiero sentirlo. El casco... ese casco forrado torpemente con pegatinas arrugadas de los Beatles y una margarita en el medio. Ese casco que me queda grande, y que mi labio ha sufrido con los frenazos. Pero no me trae malos recuerdos. Me alegra saber que lo he vivido. Me alegra pensar que la carretera es mía. Nuestra. No hace falta ser un motero heavy para sentir el placer de montar en la moto más bonita del mundo.



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